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 el jefe y yo s/d ( romance)

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serenity23
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.: Amy Mizuno

MensajeTema: el jefe y yo s/d ( romance)   19th Octubre 2010, 16:30

es una Adaptación del libro El jefe y yo de Ivonne Lindsay
El jefe y yo
Prologo
Desde su puesto de trabajo, Serena Tsukino había soñado muchas veces con Darien Chiba, con pasar una sola noche con el esquivo millonario y dar rienda suelta a la pasión. Por eso cuando Darien busco refugio en sus brazos, la inocente secretaria no pudo hacer otra cosa que caer rendida.
Pero entonces, unas semanas después del encuentro clandestino, serena recibió un inesperado regalo navideño: estaba embarazada. Darien no tardo en ofrecerse a cuidar de ella, pero serena sabia que su escandaloso pasado le impedía aceptar la proposición del millonario… no podría hacerlo ni siquiera por el bien del bebe


Última edición por serenity23 el 29th Noviembre 2010, 11:45, editado 2 veces
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.:

MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   19th Octubre 2010, 16:53

woow que interesante suena
jajaja ya quiero leer el primer capitulo a ver que cosas pasan
entre serena y darien y mas si ella queda embarazada
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.: serena tsukino/sailor moon

MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   19th Octubre 2010, 16:57

ESPERO QUE SUBAS EL CAP 1 CON ANSIAS siii la
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   19th Octubre 2010, 17:13

miu interesante actualiza pronto
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serenity23
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juego del rol
.: Amy Mizuno

MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   19th Octubre 2010, 21:00

Capitulo 1

Sintió el amargo sabor de la bilis en la garganta.
Darien chiba arrojo bruscamente el informe del investigador sobre el escritorio de madera de caoba, haciendo que los papeles salieran volando y planearan hasta caer sobre la espesa alfombra de la oficina.
A través de la puerta abierta a sus espaldas, oyó el zumbido del motor de la lancha al alejarse de su embarcadero privado en una isla cerca de Auckland.
El amargo sabor de boca que tenía rivalizaba con la malevolencia de las acciones de su ex esposa. Por si su insaciable afición a las fiestas y al juego no hubiera sido suficiente, ahora se había enterado de que, a los seis meses de matrimonio, se había deshecho de su bebe, el hijo que sabia que el deseaba, y a continuación se había dejado esterilizar.
Si no hubiera sido por un descuidado comentario de una de sus amigas en un reciente evento para recaudar fondos, no se habría enterado. Un insignificante comentario basto para que empezara a investigar hasta confirmar que había mentido sobre el aborto.
La prueba de su traición estaba ahora esparcida por el suelo. La información le había costado un ojo de la cara, pero valía cada céntimo que había pagado por ella. Había conseguido una copia de su ingreso en un hospital privado de hacia cuatro años, las facturas del anestesista, del cirujano, del hospital y de los tramites de finalización y esterilización. Y el había sido completamente ajeno a todo ello. Sintió un desgarro en el corazón.
¿Y ahora quería más dinero? Se lo habría dado con tal de deshacerse de ella, hasta el momento en que recibió aquella información. Había ido demasiado lejos.
El reloj de época dio la hora. Eran las nueve. ¡Maldición! Por culpa del encuentro, llegaría a la oficina con más retraso de lo que esperaba. Marco el número de la oficina.
-serena, voy con retraso. ¿Algún mensaje o problema?
-Nada urgente, señor chiba. He reprogramado su videoconferencia con nueva Cork – la dulce voz de su asistente personal fue como un calmante tras la locura de aquella mañana. Gracias a dios aun podía confiar en algunas personas.
Darien se puso la chaqueta del traje, se arreglo la corbata e, ignorando el crujir del informe bajo sus pies, salio por la puerta hacia el helicóptero que lo esperaba para llevarlo de su casa en la isla al distrito financiero de Auckland.
Si serena tsukino recibía otra flor de pascua envuelta en tela de cuadros, iba a gritar.
¿Y que si su cumpleaños caía en nochebuena? Estaba acostumbrada, pues era el mismo día de todos los años.
¿Por qué, entonces, se sentía diferente ese año? Vacía.
Sola. Parpadeo para ahuyentar las lagrimas que escocían sus ojos “Se fuerte”, se dijo para sus adentros. La autocompasión no era su estilo. La supervivencia, costara lo que costara, siempre era su lema.
Al menos sus compañeros se habían acordado de que era su cumpleaños, y no solo el último día de trabajo antes de las vacaciones de navidad. Enderezo los hombros y, con la planta pegada a su pecho, esbozo una sonrisa.
-La flor de pascua es preciosa, gracias de todo corazón -gracias a dios las palabras sonaron bien, con el adecuado nivel de entusiasmo.
-¿Nos vemos esta noche en la fiesta, serena? –pregunto una de las chicas.
-Si, allí estaré –confirmo. Alguien tenía que encargarse de que la fiesta anual discurriera sin problemas, de apartar discretamente a los extremadamente ebrios y meterlos en taxis, y de solventar las roturas y las manchas de vino. Por tercer año consecutivo ella era ese alguien.
Le encantaba su trabajo, y era muy buena. Era la mejor. Y por eso había llegado a asistente personal ejecutiva de darien chiba, el director del departamento legal.
Un pitido procedente de la zona del ascensor al final del pasillo enmoquetado, e hizo que un pequeño grupo de mujeres corrieran hacia sus respectivos lugares de trabajo. Serena puso la flor de pascua de suntuosas hojas rojas sobre la mesa supletoria detrás de su escritorio, junto a la que le habían enviado del departamento financiero y las dos de seguridad y personal. Se mordió el labio inferior. ¿Cómo demonios iba a llevárselas en el autobús?
-Buenos días, Serena –su voz, sonora y profunda, hizo que se le erizada el pelo en la nuca. Desde el día en que la había entrevistado para el puesto de asistente personal, había experimentado la misma reacción inmediata, aunque había aprendido a ocultarla. Había dejado de preguntarse por que le alteraba su presencia, y había aprendido a ponerse a hacer su trabajo con seriedad, enmascarando el brote de calor que se extendía por su cuerpo. Algunas personas no creían en el amor a primera vista, pero serena sabia por propia experiencia que ocurría.
Apretó los dientes para, a continuación, liberar la tensión que agarrotaba sus músculos, y se dio la vuelta para mirarlo, segura de que el jamás había tenido ni el mas mínimo indicio de los pensamientos que cruzaban por su mente o del efecto que tenia en todos sus sentidos.
-El señor Tanaka de la oficina de Tokio ha llamado en relación a las negociaciones. Parecía nervioso.
-Debe de estarlo-dijo sin desacelerar el paso-. Son las cinco y media de la mañana allí. Pónmelo al teléfono.
Por un momento, serena se permitió le lujo de inhalar la esencia de su frescura y cara colonia. Sacudió mentalmente la cabeza y levanto el auricular del teléfono para marcar el número de Japón y pasarle la llamada a darien. Luego se levanto para cerrar las puertas de su despacho. Absorbido en la conversación en un impecable japonés, el no presto atención.
Serena suspiro. Amor a primera vista o no, darien no parecía consciente de ello. Recién divorciado de esposa de alta sociedad cuando serena empezó a trabajar para el, cualquier mujer, ella incluida, era invisible a sus ojos. Ella era simplemente una maquina fiable.
Segura de que la llamada al señor tanaka le tendría entretenido un buen rato, serena reviso por ultima vez los detalles de la fiesta navideña infantil y las de los empleados. Ese año se había superado a si misma. Había transformado la cafetería en una impresionante gruta navideña y, a las seis y media, darien aparecería disfrazado de santa claus.
Una sonrisa se dibujo en sus labios al ver el traje rojo colgado del antiguo perchero de metal. El señor chiba padre había insistido en que darien hiciera de santa con la excusa de que la artritis de su rodilla se lo ponía difícil a el y que era importante que alguien de la familia lo encarnara. Darien había protestado, pero una vez su padre había tomado aquella decisión, no había vuelta atrás, y menos aun por parte de su hijo menor.
-Diablos-una profunda voz a sus espaldas hizo que girara la silla-. No esperara que me ponga eso, ¿no?
-Creo que será un santa maravilloso, señor chiba.
El disgusto era evidente en su expresión facial. Le dio una grabadora y un montón de papales.
-Transcríbeme esto enseguida. Ah, y antes de hacerlo, asegúrate de que la sala de juntas esta libre y dile al equipo que hemos de reunirnos allí en media hora.
-¿Problemas?-pregunto serena, cambiando mentalmente sus citas para dejarle el resto de la mañana libre. Si quería convocar a todo el equipo jurídico, debía de tratarse de algo serio.
-Nada que no tenga solución, aunque llega en mal momento-dirigió una mirada ceñuda al traje de santa que colgaba de la percha-. ¿Crees que…?
-No permitirá que se escabulla –dijo, sacudiendo la cabeza con compasión.
-No –Darien dejo salir un suspiro y se paso una mano por su cabello perfectamente cortado y peinado, descolocando algunos mechones.
Serena volvió a sonreír. Todo aquel asunto de santa había descolocado al normalmente tranquilo y sostificado darien chiba, un hombre al que había visto enfrentarse a batallones de abogados de todas partes del mundo por acuerdos inmobiliarios.
Jamás se había imaginado que la idea de tener una procesión de niño haciendo cola para sentarse sobre sus rodillas pudiera causar tan nerviosismo en el. ¿Pero quien era ella para juzgarle? Los niños también la ponían nerviosa a ella y, a diferencia de mucha de sus semejantes, serena había tenido su reloj biológico a los 26 años. No tendría hijos a menos que encontrada ciertas respuestas sobre su pasado.
Odiaba esa época del año. La alegría de la fiesta servia para recordarle todo lo que ella no tenia, ni había tenido nunca. Saber que había asegurado la diversión de sus compañeros en la fiesta de aquella noche, normalmente le bastaba para mantenerse a flote en medio del horrible y deprimente vació de las vacaciones, hasta poder enterrar la cabeza de nuevo en el trabajo.
Serena suspiro de nuevo y se centro en la tarea que tenia entre manos.
Cuando el payaso al que había contratado hizo de nuevo el ridículo, resonaron risas por toda la habitación. Serena ojeo su reloj. Quedaban 5 minutos para que apareciera santa. Ya debía estar hay. A lo mejor tenia problemas con el traje.
Se volvió a hacia su asistente, Ami, una joven callada y recién graduada, pero con visos de convertirse en una gran asistente personal con el tiempo.
-Si no estoy de vuelta con el señor chiba en 5 minutos, arle una señal al payaso para que siga un poco mas, ¿De acuerdo? Probablemente haya recibido alguna llamada.
En el ascensor, serena reviso mentalmente el plan para la velada. Todo debería transcurrir como un reloj.
Empezó asentir cierta irritación. Con mucho que simpatizada con la desgana de darien por hacer de santa, se lo debía a los niños. Se había decidido safarse de aquellos niños ilusionaros que había abajo, le diría un par de cosas a la cara, fuera su jefe o no.
Recorrió la distancia entre el ascensor y la oficina en tiempo record, y llamo a la puerta con los nudillos antes de abrir y entrar como una ráfaga. Pero se quedo paralizada y tuvo que tragarse las palabras de enojo que se había ido formando en su mente por el camino.
Darien Chiba estaba de pie a medio vestir en su oficina. Los pantalones rojos vivo del traje apenas se ajustaba a sus caderas, y parecían amenazar con bajarse si movía un solo músculo.
“¡Que dios se apiade de mi!”, pensó serena, recorriendo con la mirada aquel pecho moreno al desnudo. Era increíble lo que armani podría esconder bajo sus tejidos, pensó serena, tratando de esforzarse en mirarle a los ojos, y esperando que el brote de energía que sintió no fuera visible en su rostro. Por su temperatura interior, debería estar brillando como una balisa.
Inhalo un suspiro, tratando de calmarse. ¿A que había venido? Ha, si, santa.
-5 minutos, señor chiba.
-Ya lo se. El maldito traje es demasiado grande. Ayúdame a rellenarlo. Supongo que los niños esperan un santa entrado en carnes.
-Me imagino que si –respondió ella, recogiendo varios cojines del sofá de la oficina -. ¿Servirán?
-Muy bien. Aquí –darien se metió las manos en los pantalones para abrirlos -. Yo los sostengo, y tú los rellenas.
¿Estaba de broma? Serena vacilo.
-¿A que esperas?
Por su puesto, el no tenia ni idea del efecto que tenía sobre ella. Para el, no era una mujer con necesidades y deseo, si no una simple asistente personal.
-Supongo que esto es a lo que se refería al decir y ocasionalmente otra funciones según exigencia en la descripción de responsabilidades del puesto del trabajo –Dijo para quitar seriedad a la situación. Cuando serena empezaba a preguntarse por que demonios habría dicho aquello, de repente, los rabillos de los ojos de darien se arrugaron a soltar una carcajada.
-Si, supongo. Aunque no creo que recursos humanos estuviera pensando en algo como esto.
Serena le devolvió una sonrisa nerviosa, y se forzó a no mirar hacia abajo. Tratando de controlar el temblor que amenazaba con vibrar por todo su cuerpo, metió con cuidado el primer cojín entre su abdomen y la cera roja.
-No pasa nada, serena. No muerdo.
Estupendo… se estaba riendo de ella. Bien, pues le demostraría que no estaba asustada. Metió el siguiente cojín apresudademente, rozando sin querer con los dedos la fina línea de bello que iba desde el ombligo hacia abajo. Al hacerlo, oyó detenerse su respiración, y aparto la mano de prisa al ver como se lo ponía la piel de gallina.
-Eso debía bastar -¿Acaba de oír temblar su voz? Y peor todavía, ¿Lo habría oído el?
-Necesito más.
¿Mas? Todavía le ardía la mano del fugaz roce con su piel. Ella también necesitaba mas, aunque lamentablemente sabia que no estaba pensando en la misma cosa.
Mordiéndose el labio inferior, serena encajo otro cojín en el pantalón. Decidirá a no dejarse llevar por sus instintos, por el deseo de rozarle de nuevo con los dedos, le dio una suave palmadita al montículo acolchado. Alcanzo la chaqueta roja y se la tendió. Se permitió el lujo de admirar brevemente su espalda y sus hombros, maravillada por el juego de músculos al contraerse para ponerse la prenda y ceñírsela a la ensanchada cintura. El agarro el gorro y la barba de su escritorio, y se los puso apresuradamente antes de volverse a mirar a serena otra vez.
-¿Y bien? ¿Qué tal estoy?
¿Qué como estaba? Pestaño, intentando buscar las palabras para describirlo. Desde luego, no se parecia a los santa que la habian aterrorizado de niña, haciendo que saliera corriendo con lagrimas en los ojos. A pesar del relleno de la cintura y de la ridicula barba afelpada que ocultaba las lineas de su mandibula, no podia borrar la imagen medio desnuda de darien de su mente.
-Ha olvidado las cejas –consiguio decir finalmente, casi en su habitual tono tranquilo. “Bien hecho”, se felicito a si misma.
-No tendre que ponerme esas dos cosas blancas que parecen orugas ¿no?
-Claro que si. Si no, no seria santa.
Serena apreto y relajo los dedos en vano intento por dominar el temblor que amenazaba con revelar sus nervios antes de despegar las cejas del papel protector.
Se adelanto para pegarlas sobre sus ojos. Al mismo tiempo, el inclino ligeramente la cabeza para ayudar y, de repente, sus labios se encontraron al mismo nivel. No tenia mas que dar un diminuto paso para posar sus labios sobre los suyos. Para dar vida a los sueños que la asediaban por las noches, haciendo que se despertara con las sabanas enredadas y llena de un deseo que no podeia apaciguar.
Enseguida sofoco sus desenfrenados pensamientos y se concentro en las cejas postizas. Si cedia a sus deseos, podia quedarse sin empleo, y eso era algo que no podia permitirse, y menos teniendo en cuenta los gastos medicos de mina. Una vez terminada la labor, se aparto a una distancia prudente para no dejarse llevar por sus impulsos.
-Esta estupendo –dijo dulcemente.
-Bien, eso es lo que importa. Vamos.
Caminaron en silencio hacia la cafeteria del octavo piso.
-Espere aquí –le dijo serena delante de la cafeteria.
Trato de ignorar la sensación de calor que sintio a traves del tejido rojo del traje al ponerle una mano sobre el brazo-. Primero tengo que anunciarlo.
¿Era su imaginación, o darien se habia puesto palido de verdad? ¿Estaba asustado? Bajo la barba, pudo distinguir finas lineas de tension alrededor de sus labios, y sintio impulso de tranquilizarlo.
-Todo ira bien –murmuro suavemente-. A los niños les encantara
-Te quedas, ¿no?
No tenia pensado quedarse a ver esa parte del evento. La vision de una hilera de niños haciendo cola para sentarse con santa todavía le causaba pavor.
-En realidad tengo que ocuparme de otras cosas.
Estare de vuelta antes de que termine la fiesta.
-Quedate.
Darien no tenia ni idea de cual era su problema, pero ¿Por qué iba a tenerla? A todo el mundo le encantaban las navidades. A todos menos a la pequeña que habia crecido con un apellido elegido por los asistentes sociales, que le recordaba a la experiencia mas traumatica de su vida. Aquella era una de las razones por las que jamas hablaba de su vida ni de sus años en hogares de acogida. Nadie deseaba admitir que habia sido abandonado. Para serena, su vida empezo el dia que cumplio 18 años y se independizo del control del estado.
-¿Serena?
Tenia los dientes tan apretados, que le sorprendio que no se le rompieran. No podia explicarle su problema. Algunas de cosas siempre se mantenian en secreto. Asintio brevemente.
-A por ello.
Los niños no le dieron ni una razon para que se preocupara o se pusiera nervioso. Su excitación y sus chillidos de alegria inundaron la sala. La unica que se puso de los nervios fue serena. ¿Por qué demonios habria accedido a quedarse?
Sentado sobre su trono, Darien subio a una niña sobre sus rodillas. La niña, de no mas de tres o cuatro años, recorrio la sala con la mirada, y su labio inferior empezo a temblar.
A pesar del aire acondicionado, pequeñas gotas de sudor empezaron a formarse en la espinilla de serena.
Ligeramente mareada, se apoyo sobre la pared a sus espaldas. Respiro hondo, tratando de controlar el terror que la invadia, pero ya era demasiado tarde.
Una imagen nitida se proyecto en su mente. Era una niña, sentada en el regazo de santa, escudriñando nerviosa la multitud en busca de su madre. Los nervios se fueron transformando en pavor, y el pavor en terror al no encontrar el rostro de su madre entre las masas en movimiento en el centro comercial. Las autoridades acudieron en cuanto averiguaron a que se debian sus histericos sollozos, pero no lo suficientemente rapido para poder encontrar a su madre entre la multitud de espectadores asombrados. Aquella sensación de abandono y perdida seguia causando conmocion y resentimiento en serena. Pero ya habia dejado de tratar de entender que clase de madre abandonaba a su suerte a su hija de tres años el dia antes de navidad.
Se esforzo en encontrar algo en lo que concentrarse para calmar los temores que los recuerdos reavivaban y recuperar el ritmo de su respiración. Ese algo resulto ser darien que, con infinita paciencia, señalo a los padres de la niña, consiguiendo que una sonrisa se dibujara en la expresión del pequeño rostro de preocupación.
Al abrir los puños, serena sintio el cosquilleo de la sangre al volver a regar sus extremidades. Al otro lado de la sala, la niña saludaba sonriente a su madre. Y darien, en lugar de prestar atención a la niña que tenia sobre las rodillas, estaba mirandola a ella directamente.
Vio como sus labios, delineados por la esponjosa barba, pronunciaban las palabras:
-¿Estas bien?
¿Se habia dado cuenta de su ataque de panico? Le devolvio una debil sonrisa, acompañada de un leve movimiento afirmativo. El siguió mirandola a los ojos un instante mas, y luego volvio su atención hacia la niña que tenia a su cuidado, y le dio un regalo alegremente envuelto.
Asi era como debian ser las cosas. Los niños debian poder recibir su regalo, tener la oportunidad de contarle a santa sus mas ardientes deseos para mañana de navidad, y contar con la continua presencia tranquilizadora de sus padres esperando no muy lejos.
Cuando el ultimo paquete fue distribuido, llego el momento de finalizar la fiesta infantil. Santa tenia otras obligaciones, y serena apenas media hora entre la fiesta infantil y la de la empresa. Con un pequeño anuncio, dio fin a la celebración y, a juzgar por los aplausos tanto de niños como de padres, darien habia sido todo un éxito. Cuando la gente empezo a salir de la sala, serena se relajo, dejando salir la tension de un dia a pleno rendimiento, por no decir de todo un año. Ya solo quedaba una fiesta mas, y hasta el año proximo, se consolo.
-¿Qué ocurrio? –la voz de darien se filtro en sus pensamientos.
Suspiro profundamente antes de contestar.
-Creo que ha ido muy bien, ¿no? Los chicos le adoraban.
-Parecia que hubieras visto un fantasma.
Serena suspiro. La tecnica de la evasión no funcionaria, pues la tenacidad era uno de los muchos talentos que habian ayudado a darien a convertirse en uno de los hombres mas respetados internacionalmente en su campo. No se rendiria hasta quedar satisfecho con la respuesta.
-Solo estaba recuperando el aliento. Organizar todo ha requerido un gran esfuerzo y trabajo –aseguro.
Por un instante, penso que lo habia conseguido, hasta que su mirada se torno desafiante.
-Me parecio algo mas que eso. Crei que ibas a desplomarte.
-Oh, por dios santo, no –Serena forzo una sonrisa.
-¿Ya te encuentras mejor? –insistio el.
-Si, estoy bien.
-Has hecho un gran esfuerzo. Amy te relevara el resto de la velada
-No estoy bien, de verdad.
-Ya lo veremos –dijo darien, dedicandole una severa mirada-. Vamos, sera mejor que nos preparemos para el siguiente ataque.
-Vaya adelantandose. Me reunire con usted arriba –lo observo mientras se alejaba. ¿Qué le habia hecho fijarse en ella en aquel terrorifico momento de debilidad? ¿La habria visto alguien mas? No debia haber accedido a quedarse.
Echo un rapido vistazo a su alrededor. Los empleados de la limpieza estaban ocupados transformando la fiesta en una version mas sofisticada de una fantasia de navidad. Habia sido una idea genial conservar el mismo encantador tema infantil para la fiesta de la empresa, y una solucion simple, dadas las limitaciones de tiempo. Ya no tenia nada mas que hacer alli.
Arriba, en la oficina, serena abrio el armario de los abrigos y descolgo una bolsa de la tintoreria. Solo tenia que cambiarse en el baño y retocarse el maquillaje. Se solto el largo y espeso cabello y, mientras lo peinaba, estudio el reflejo de su imagen. ¿Cuánto tiempo hacia que no se habia soltado el pelo, literalmente o en sentido figurado? Demasiado. Pero no se podia permitir perder el tiempo cuando tantas cosas dependian de ella. Volvio a recogerse el pelo en un moño a la altura de la nuca. Satisfecha con el resultado, se puso un pintalabios rojo. La dependienta tenia razon, el color daba vida a su piel ligeramente aceitunada. Ella preferia colores mas suaves y discretos, que no resaltaran la voluptuosidad de sus labios, pero sabia que para aquella velada necesitaba algo llamativo. Ademas, era su cumpleaños. Tenia derecho a estar guapa.
Un vistazo al reloj le recordo el poco tiempote quedaba. Serena se quito el sombrio traje de oficina, y abrio la cremallerra de la bolsa de la tintoreria para sacar un vestido largo color carmesí. El cuello barco de la parte delantera del vestido sin mangas se convertia en un profundo corte en v en la espalda. Serena se quito el sujetador, y lo metio en la bolsa antes de deslizar la brillante seda del vestido sobre su cuerpo. Al mirarse al espejo se pregunto si no se habia pasado esa vez.
Normalmente alquilaba en vestido negro, pero algo de aquel vestido carmesí le habia llamado la atención.
Habia vacilado por el precio, consciente de sus obligaciones financieras, pero no era que estuviera inundada de regalos de la familia o de un amante, pues no tenia ninguna de las dos cosas. Asi que, por una vez, se habia dado el gusto de hacerse un regalo y darse el placer de llevarlo esa noche.
En cuanto salio del baño, oyo la voz de una mujer en el despacho de darien. Habria reconocido la estridente voz de su ex mujer en cualquier lugar. Antes de su divorcio, toda la plantilla de secretarias habia estado a su disposición para ayudarla con su labor caritativa.
Pero Rei Knight era ante todo exigente, y las chicas solian sortear quien acudiria a su oficina para recibir instrucciones. Serena rezo por que, fuera cual fuera la situación, se resolviera rapido.
Tan silenciosamente como pudo, volvio a meter sus cosas en el armario y, justo cuando se dio la vuelta para marcharse, oyo vibrar la voz llena de desprecio de darien, algo que serena nunca habia oido salir de sus labios.
-¿Entonces no lo niegas?
-¿Cómo te atreves a investigarme? ¡Esos eran privados!
-Todo tiene un precio, Rei, por desgracia no descubri el tuyo hasta que fue demasiado tarde. Puedes decirle al bribon de tu abogado que no recibiras ni un centimo mas de lo ya establecido. Jamas. Y ahora, quitate de mi vista.
-¡Encantada!
Ya era demasiado tarde para escapar, asi que serena enderezo los hombros para hacer frente a la ex señora Knight.
-¿Visitando los barrios bajos con tus empleadas esta noche, darien? –dijo Rei con sarcasmo al pasar junto a serena. Le dirigio una rencorosa mirada, y añadio-: Sabia que estarias revoloteando por aquí, pero claro, olvidaba que no tienes a nadien esperandote en casa, ¿verdad?
Sin habla, serena retrocedio y la dejo pasar, seguida por una estela de un caro perfurme frances.
-Siento que hayas tenido que oir eso, serena.
Con profundo suspiro para calmarse, serena se dio la vuelta para mirarlo. Darien estaba de pie junto a la puerta de su despacho. Sus ojos brillaban de ira.
-No pasa nada, señor –alargo la mano para alcanzar su bolso de fiesta, metido en el cajon superior de su mesa de trabajo. Aunque los comentarios crueles como los de rei tenian el poder de hacer daño, la experiencia habia enseñado a serena que no debia mostrarlo-. ¿Esta listo para volver abajo?
-Si, estoy listo –dio un paso hacia ella, y susurro-: Y parece que tu tambien –una fiera miraba de deseo brillo en sus ojos tan brevemente, que serena se pregunto si realmente la habria interpretado correctamente-. Serena, estas… espectacular.
Mientras el la examinaba de arriba abajo, serena casi se olvido de respirar. Una cosa era ser objeto de una mirada que acariciaba su cuerpo como un pañuelo de seda sobre la piel desnuda. Parecia como si la estuviera mirando a traves de unas lentes diferentes, pero inmediatamente desecho la idea por absurda.
-Gracias señor. Usted tambien esta bastante espectacular –con su cabello y ojos azules, y un traje negro y camisa blanca con pajarita negra en el cuello, Darien Chiba parecia salido de una fantasia…. Su propia fantasia. Aquella en la que estaban ante el altar y el prometia amarla y respetarla para siempre. “¡Basta!”, serena volvio a la realidad, le dio la espalda y empezo a caminar hacia la puerta para evitar decir o hacer alguna tonteria.
Sus emociones ya habian sufrido suficiente aquella velada, y su aspecto aquella noche, por no mencionar la forma en que la miraba, producia tal confusion en sus sentidos que no podia ni pensar.
-Un momento, serena. ¿Vamos? –le ofrecio el brazo y, sin vacilar, ella engancho la mano a su codo, con los nervios cada vez mas a flor de piel.
En el ascensor, sintio cierto alivio al quitarle la mano del brazo y apartarse un poco para presionar el boton para bajar al piso de abajo. Dejo caer la mano junto a su cuerpo, pero los fuertes dedos de darien enseguida la agarraron, volviendo a colocarla sobre su brazo.
-¿Señor Darien?
-Sigueme la corriente, serena. Puede que necesite una bella mujer colgada del brazo esta noche –dijo con una sonrisa casi burlona.

continuara....
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Serenity
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   19th Octubre 2010, 22:59

me encanto
tu fic es muy buena la forma en la que escribes
estuvo un poco largo pero valio muchisimo
la pensa espero actualices pronto
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Nathaly
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   20th Octubre 2010, 01:10

me gusto mucho el comienzo
actualiza pronto
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Sora Naegino
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   20th Octubre 2010, 13:32

super amiga!!!!
me encanto la historia!!!!
espero no te demores en actualizar!!!!


Eres mi Dulce Pesadilla



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Jordana
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   21st Octubre 2010, 00:51

me gusto mucho el comienzo
espero lo sigas pronto
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Sailor Kaos
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   22nd Octubre 2010, 01:34

muy lindo fic
me gusto actualizalo pronto
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Karla_Kahio
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   23rd Octubre 2010, 18:53

actualiza pronto quiero saber mas








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serenity23
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.: Amy Mizuno

MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   24th Octubre 2010, 16:59

Capitulo 2
¿Que la necesitaba? Aquella era una inesperada novedad ante la que no estaba segura de cómo reaccionar. Intento aparentar tranquilidad, pero en cuanto sus ojos se encontraron con los suyos, no puedo evitar desviarla, nerviosa, hacia sus dedos sobre la manga de su traje.
El corto viaje en ascensor se hizo eterno. Estaba segura de que se derretiría sino llegaban pronto, y de que se desinhibiría y terminaría presionando su cuerpo contra el de el.
El aire fresco de la cafetería al abrirse las puertas del ascensor fue un respiro. Los empleados y socios ya habían empezado a llegar, y estaban dando vueltas por la sala, conversando.
Darien se preguntaba cuanto tiempo tardaría en poder escaparse de sus responsabilidades y refugiarse en su apartamento. Un par de horas a lo sumo. Serena también necesitaba descansar. Le habia asustado aquella noche al ver su rostro tan pálido como la pared al otro lado de la sala durante la fiesta infantil. A pesar de su negativa, estaba claro que algo no iba bien.
Serena era la antitesis de la indignación y furia de esmeralda. Era la personificación de la calma en medio de una tormenta. Aquella noche, nada más verla, recordó que era una mujer, una mujer bella y sensual. Observo la curva de su cuello cuando se inclino a buscar algo en su bolso, y se pregunto como seria acariciar su piel. Pero rápidamente borro sus pensamientos. Era su asistente personal, y se horrorizaría si los descubriera. Palidecería incluso más que aquella tarde. Ahora en cambio, sus mejillas estaban sonrojadas, y sus ojos tenían un brillo del que antes habían carecido.
Se alegraba de haber tomado la decisión un poco antes de dejar a Amy a cargo del resto de la velada. Serena se merecía un descanso y su asistente estaba entusiasmada por la oportunidad de demostrar su valía. Así, serena podría quedarse junto a el resto de la velada. Todos salían ganando.
-Relájate, serena –le dijo al oído
-Estas fuera de servicio –su débil fragancia inundo sus sentidos, haciendo que se quedara pegado a ella durante un instante.
-Pero alguien tiene que supervisar…
-Relájate –repitió con voz tranquilizadora.
Con la cabeza aun inclinada sobre la de serena de forma tan intima, se dio cuenta de que algunos de los empleados les miraban, y no hacia falta mucho para avivar los rumores, aunque la mayoría no osaría arriesgarse a ser pillado hablando de uno de los Chiba. Tenia que recuperar la compostura, aunque no deseaba hacerlo.
-Tiene que dejar que haga mi trabajo –protesto Serena de nuevo, retrocediendo un paso.
Darien agarro con un gesto elegante dos copas de champaña de la bandeja de un camarero que pasaba junto a ellos y le puso una a serena en la mano.
-Tu trabajo ya esta hecho, Serena. Toma, celebremos otro brillante año –brindo, chocando suavemente su copa con la de ella.
-Sabe que no bebo en los eventos de la empresa.
-Deja de protestar y alégrate –recorrió la habitación con la mirada. Aparenta estar disfrutando –dijo, bajando la voz y con la mirada burlona-. Insisto- por un instante pensó que se lo habia tomado enserio, hasta que una mirada de rebeldía tiño sus intensos ojos azules.
¿Habia notado el color de sus ojos antes de aquella noche? Por supuesto que no habia prestado atención a sus facciones, dadas sus respectivas posiciones en la empresa y en la vida, pero entonces ¿Por qué aquella noche deseaba descubrir mas detalles? Sintió el impulso de a cercarse de nuevo a ellos, y poso su mano sobre la piel expuesta de su espalda, que se tenso inmediatamente bajo el tacto de sus dedos. El contraste entre sus fríos dedos y el intenso calor de la piel de serena le recordó de nuevo sus diferencias, sus posiciones, urgiéndole desistir. Sintió entre cortarse la respiración de serena. Se estaba pasando de la raya. De mala gana, retiro la mano. Al parecer justo a tiempo, puesto que Amy se acercaba efusiva y llena de orgullo.
-No tienes nada de que preocuparte, serena. Lo tengo todo bajo control. Creo que la idea del Señor Chiba de dejar que disfrutes de la fiesta esta noche es estupenda. ¿No crees?
Por una vez puedes ser una de las invitadas y divertirte.
Serena mostró lo más parecido a una sonrisa. Por dentro estaba a punto de deshacerse en mil pedazos.
-Gracias Amy. Pero no dudes…
-Estas haciendo un trabajo estupendo, Amy. Gracias
-Los dedos de Darien volvieron a acariciar la espalda de Serena, haciendo que se le pusiera el vello de punta y que se le atragantaran las palabras que pensaba pronunciar. No podía aguantarlo más. Dio un paso hacia delante y se giro para que el no pudiera alcanzar su piel desnuda.
-Señor Chiba…
-Darien –y déjalo estar por esta noche, ¿de acuerdo? Ordenes del jefe. Y hablando del jefe, vamos haber, al mió.
-Hizo una señal hacia donde estaba su padre, Mamoru Chiba, el fundador y el presidente de Imperio Chiba. Como patriarca que era, su postura erguida irradiaba fuerza y orgullo mientras observaba la sala.
La gentil presión de la mano de Darien en su espalda volvió a provocar una oleada de calor en el cuerpo de Serena. Apenas pudo devolver los saludos y felicitaciones festivas de los demás empleados al atravesar la multitud de camino al otro extremo de la sala.
Al acercarse al grupo de ejecutivos señor, Serena trato de ignorar la mano de Darien en su espalda para recuperar la compostura. Estaba acostumbrada a trabajar con hombres de su categoría y nivel de poder, pero habia algo en Mamoru Chiba que demandaba mayor respeto que, para Serena, rayaba el sobrecogimiento. Desde luego, no quería caer a sus pies como una tonta solo por que su hijo pequeño estuviera haciendo que se derritiera.
Mamoru Chiba, primera generación de inmigrantes italianos que habían anglicanizado su nombre para integrarse mejor en su país de adopción, Tokio, habia creado Imperio Chiba de la nada. Y Serena no tenía ninguna duda de que aun podía echar un pulso con el mejor. Pero no era eso lo que más causaba admiración en ella. No. Era su absoluta devoción por su esposa, fallecida hacia años. Habia criado a sus tres hijos mientras construía su imperio y, a pesar de las dificultades, nunca habia abandonado su crianza, como habia hecho su madre al deshacerse de Serena como si de un paquete no deseado se tratara. Y habia conseguido crear y conservar una fuerte unión familiar entre ellos.
Serena habría dado cualquier cosa por tener un pasado así. Un pasado propio. Aquellos pensamientos surtieron su efecto, y Serena se adelanto, y a fuera del alcance de Darien, para saludar a su padre.
Ya tenía agujetas en la cara por el esfuerzo de mantener una sonrisa permanente en sus labios. Darien habia permanecido a su lado toda la velada mientras charlaba y socializaba con sus compañeros, asegurándose de que se mantuviera alejada de toda responsabilidad organizadora. Por una vez, supo lo que era tener a alguien ocupándose de ella, una sensación totalmente desconocida para ella.
Tomo un pequeño sorbo de vino. Apenas habia bebido una copa entera en toda la noche. Y la tensión en su estomago tampoco le habia permitido comer. La comida del bufe y de las bandejas que circulaban por la sala tenían un aspecto excelente, y se habia asegurado de que hubiera comida de sobra, pero no consiguió tomarse un solo bocado.
Echo un vistazo al reloj de pared que habia junto a la puerta, y aliviada dejo caer ligeramente sus hombros. La fiesta llegaría a su fin pronto. El Señor Chiba padre daría su tradicional discurso de fin de año, dando las gracias al equipo que, como era habitual, mantenía funcionando parte de los empleados se iba de vacaciones, y deseando a todo el mundo unas felices fiestas.
Felices para aquellos que tenían familia y amigos con los que compartir las fiestas navideñas. Serena empezó a sentir un incipiente dolor de cabeza. ¿Se daría cuenta Mina de que al día siguiente seria navidad? El personal de la residencia le habia dicho a Serena que no fuera, que no le pasaría nada a su hermana por que ella pasara las fiestas con sus amigos por una vez. Pero Serena no tenía a nadie con quien deseara pasar el día más que con ella. Mina era todo lo que tenía, la única conexión positiva con su pasado. Así que, a lo mejor llamaba de todas formas y le llevaba a Mina el nuevo camisón azul que le habia comprado a conjunto con el color de sus ojos.
-Sonríe. Es navidad, ¿recuerdas? No hay razón para estar triste.
-El calido aliento de Darien le acaricio un lado del cuello con un sensual susurro. Un cosquilleo le recorrió el cuello y el cuero cabelludo.
-¿Lo parecía? –se volvió a mirarlo -. Estoy bien.
-¿Estas segura?
-Claro –respondió en su usual tono enérgico.
-Me alegra que te sientas mejor
-Darien le devolvió la sonrisa
Ha vuelto tu habitual tono de voz. Vamos, suéltate el pelo y disfruta.
-Eso hago –oh, sonaba tan a la defensiva y remilgada
-Se llevo la copa de vino a los labios, pero una mano la detuvo
-Darien se lo quito de entre los dedos.
-Trae, te traeré otra. Esta ya debe de estar caliente. Se supone que tienes que beberlo
Ella sacudió ligeramente la cabeza, pero ella ignora e hizo una señal a uno de los camareros que pasaba cerca de ellos para que les trajera una nueva copa. Serena rodeo el pie de la nueva copa con sus dedos y derramo un poco de vino.
-¿Seguro que estas bien, serena?
-Darien se acerco, deslizando un brazo por su espalda, pareces algo temblorosa.
-Estoy bien. Un poco cansada, eso es todo. Si no le importa, me gustaría retirarme pronto.
-Buena idea
-Darien miro alrededor de la habitación. Creo que ya hemos cumplido por esta noche. Marchémonos.
"¿Juntos?".
-No enserio –protesto Serena quédese. Seguro que su padre…
-Me excusara. Me lo debe por el episodio de santa. Sabe lo que siento respecto a los niños –aunque sonreía, habia cierta dureza en su mirada. Y su cortes expresión desapareció y se transformo en una de desolación.
-¿No le gustan los niños?
-Serena no pudo evitar el tono de sorpresa de su voz. Le habia parecido tan natural y paciente con los pequeños.
-Al contrario. Mi padre sabe perfectamente lo que significan los niños para mí. Despidámonos puso la mano de Serena en su brazo y se dirigieron hacia donde su padre se encontraba, entre un puñado de amigotes. Serena sintió todos los ojos de la sala sobre ellos al caminar entre la multitud.
Si le gustaban los niños, ¿Cuál era el problema con hacer de santa? A no ser, pensó, que fuera un doloroso recordatorio de lo que no tenía. Quizás eso explicara su desgana, por no mencionar la irritación con su padre. Oh diferencia abismal entre ellos. El quería niños, y ella no.
"Así que no te hagas ideas falsa sobre su comportamiento de esta noche", pensó Serena.
-Veo que os vais –Mamoru Chiba le lanzo una dura mirada a Darien, que Serena interpreto como de amonestación. Observo el silencio enfrentamiento entre padre e hijo, sin que ninguno diera su brazo a torcer.
Serena sabia que Mamoru Chiba desaprobaba las relaciones entre los empleados. Y no conseguía entender por que Darien trataba de darla impresión a su padre de que se iban juntos.
-Si, papa. Nos vemos –el ligero énfasis en la palabra nos hizo que su padre apretara los labios, mirando alternativamente a uno y a otro. Una sensación de inquietud recorrió el cuerpo de Serena de arriba abajo.
¿Acaso pensaba Mamoru Chiba que eran parejas? Tenia que quitarle esa idea de la cabeza de inmediato. Pero antes de poder rectificar nada, el se inclino y le dio un beso estilo italiano en la mejilla. A pesar de los esfuerzos de su familia por adoptar las costumbres de Tokio era, y siempre seria, italiano hasta la medula de los huesos.
-Ha vuelto a hacer un trabajo excelente esta noche, Serena –dijo Mamoru Chiba con una sonrisa a medias.
-Ha sido un placer.
El asintió, y se volvió a mirar a Darien.
-Entonces, ¿te veo mañana por la mañana? Recuerda que prima Setsuna y su hija también vienen.
-Por supuesto –Serena sintió tensarse el brazo de Darien bajo la manga del traje.
-Bien – su padre se giro ligeramente, dando la conversación por terminada.
-Estaba pensando invitar a Serena. No te importa, ¿verdad?
-Su padre lo miro con asombro, y el se volvió a mirar a Serena.
-No tienes planes por la mañana, ¿verdad?
-Pero… -empezó a protestar
-Estoy seguro de que Serena… -dijo Mamoru Chiba simultáneamente.
Darien levanto una ceja dirigiéndose a Serena.
-¿Y bien?
-No quiero molestar.
-¿Entonces no tienes planes para mañana?
-No –su voz fue apenas un suspiro. Odiaba tener que admitirlo, y odiaba la simpatía que siempre generaba.
-Bien. Estaremos allí a las diez y media, papa.
¿Cuándo habia decidido Darien usarla como baza en su partida con su padre? ¿Y por que? Aunque el padre de Darien mostraba un buen control de su furia, su mirada era una mirada de hielo.
-No te retrases –dijo Mamoru, reconociendo la astucia de su hijo.
-No.
Antes de que Serena pudiera analizar la animosidad velada entre padre e hijo, Darien ya la estaba llevando hacia la puerta.
En el ascensor, Darien soltó un suspiro y se apoyo contra la pared, cerrando brevemente los ojos. Estaba harto de seguirle el juego a su padre. Mamoru Chiba habia intentado controlar a sus tres hijos en un momento u otro. La presión, cada vez menos perspicaz, ejercida por su padre para que superarse lo de esmeralda y encontrara otra mujer con la que formar una familia ya habia sido la gota que colmaba el vaso. No iba a dejarse emparejar con otra prima lejana más. Especialmente aquella noche. Por ello habia decidido no seguirle el juego.
Pero no debía haber usado a Serena de esa manera. Habia visto la sorpresa y confusión en la explicación de su padre.
¿Qué demonios estaba pensando? Las navidades siempre habían sido unas fiestas familiares. La ultima mujer a la que habia llevado era a esmeralda, su mujer, por lo que sabía que le iban a avasallar al día siguiente. Pero no importaba, a lo mejor incluso le contaba lo del nieto que jamás conocería.
Miro a Serena. Con la cabeza ligeramente inclinada mientras miraba los botones que se iluminaban en el panel del ascensor, dejaba al descubierto la esbelta curvatura de su cuello. Un cuello que cualquier hombre soñaría con besar y recorrer con la lengua.
Sintió el pulso en su ingle. ¿En que demonios estaba pensando? Serena no era una potencial conquista que pudiera reavivar la llama de deseo que su mujer habia apagado con sus decepciones. Pero por alguna razón, no podía apartar la mirada de su cuello, ni quitarse de la mente la fantasía que proyectaba en su mente.
Al abrirse las puertas del ascensor, ella salio delante de el. La piel de su espalda brillaba con una tonalidad que le hacia preguntarse si el resto del cuerpo tendría la misma tonalidad, y de nuevo sintió una corriente de deseo. De repente, la necesidad de averiguarlo resultaba imperativa.
Continuara…


Última edición por serenity23 el 25th Octubre 2010, 15:36, editado 1 vez
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.: Ellis

MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   25th Octubre 2010, 14:48

me encanto la actualizacion
aunque me costo un poco leerla por el color
pero estuvo muy buena
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   23rd Noviembre 2010, 16:49

Capitulo 3

-Siempre resulta extraño quedarse cuando todo el mundo se ha hido a casa
-Serena saco el portatrajes y el bolso del armario de su oficina.
-Sí –replico Darien, apoyado en la pared y con las manos en los bolsillos.

Serena se volvió sorprendida por el tono de su voz.
Darien estaba mirándola fijamente, sin parpadear. Su ardiente mirada la ponía nerviosa.

-Sobre mañana…
-Pasare a recogerte. Necesito tu dirección –se aparto de la pared y se acerco a ella.

La mezcla del aroma de su colonia y su esencia varonil se filtro por las fosas nasales de Serena, que se ensancharon de forma involuntaria, tratando de inhalar más profundamente. Al darse cuenta, rectifico inmediatamente y paso a inhalar por la boca con una respiración corta y poco profunda. Una cosa era estar enamorada de tu jefe, pero otra muy distinta pensar que el pudiera estar interesado también.
-No será necesario. Llamare a su padre por la mañana y me excusare. No hay ninguna necesidad de que me cuele en la celebración en familia de un día especial.
-Tonterías, vienes conmigo –Darien se dirigió hacia su oficina, aflojándose la corbata para, a continuación, dejarla caer sobre el sillón que había pegado a la pared.
-Y hablando de días especiales, ¿Cómo es que nunca me dijo que era su cumpleaños?
¿Lo sabia?
-No es nada importante.
-Todos los cumpleaños son importantes. Además, tengo algo para ti. Ven un momento

El corazón de Serena empezó a palpitar. ¿Le había traído un regalo? Deposito sus cosas con cuidado sobre su mesa y fue a la oficina de Darien. La puerta se cerro tras de ella con suavidad, y vio a Darien con un bulto envuelto en papel celofán entre las manos.
-Hoy he notado lo mucho que te gustan estas cosas, pero quería regalarte algo un poco diferente. Aquí tienes, feliz cumpleaños.

Darien se adelanto y le puso el árbol de pascua blanco en las manos. Por un momento, Serena no supo si reír o llorar, hasta que las lagrimas invadieron sus ojos. Parpadeo, con la cabeza agachada y sin atreverse a hablar. No quería derrumbarse delante de el.
-Es muy bonito, señor Chiba. Gracias.
-Oye, pensaba que habíamos quedado en que me llamarías Darien –dijo, levantándole la barbilla con un dedo.

Serena volvió a parpadear, pero esa vez no consiguió contenerse, y un lagrimon se desprendió de sus pestañas y rodó por su mejilla hasta la comisura de sus labios.
-¿Lagrimas, Serena? –dijo, entornando los ojos.

Ella giro la cabeza para evitar la ternura de sus dedos y la compasión de su mirada. Ya había experimentado suficiente compasión en la vida, y no podía soportar mirarle a los ojos y recibir mas todavía de el. Trago saliva, tratando de recuperar la suficiente rabia para seguir con la farsa.
-No es nada, solo un dolor de cabeza –el papel celofán crujió entre sus manos por su laboriosa respiración. Darien se adelanto y le quito la planta de las manos.
-A mi no me parece que no sea nada –puso la planta sobre la mesa de su despacho, se dio la vuelta, y tomo las manos de Serena entre las suyas, atrayéndola hacia el hasta que sus pechos rozaron el suave tejido de su traje. Bajo la tela de su vestido, Serena sintió endurecerse sus pezones. Su reacción ante la proximidad de Darien no paso desapercibida. Las pupilas de Darien se dilataron haciendo que el iris casi desapareciera, y su mirada brillo con ardor.

Por una fracción de segundo, Serena se permitió soñar que a lo mejor la deseaba, que a lo mejor correspondía a su amor. Pero entonces, volvió a razonar.
Amor, ¡ja! El no la quería. La compadecía. ¿Por qué otra razón podía estar allí, pegada a su pecho, sintiendo su respiración? No podía permitirse desear más de lo que le correspondía. Se aparto de el.
-Tengo que irme. Gracias por la planta –volvió a tomar la planta de su escritorio, y giro sobre sus talones para marcharse. Tres semanas alejadas del trabajo y de Darien Chiba iban a ser una bendición. Quería poner tierra de por medio. Sin embargo, una pequeña parte de ella susurraba: “Mentirosa. Lo deseas”.
-¿Serena? –el la agarro por el codo, haciéndola girar.


continuara....

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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   23rd Noviembre 2010, 19:52

amiga me encanto la actualizacion y estare esperando
la siguiente ansiosa, espero no te demores tanto!!!


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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   26th Noviembre 2010, 00:08

me gusto mucho la actualizacion
espero actualices pronto
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   20th Diciembre 2010, 19:58

Capitulo 4
Serena observo a Darien introducir su tarjeta en el control de seguridad que daba acceso al apartamento del ático del edificio que usaba durante la semana, cuando terminaba tarde y no resultaba práctico volar a su casa de la isla.
Sabia que podía detenerlo si quería. Tan solo deseaba pertenecer a alguien pasajeramente. Nada más. Nunca se habia atrevido a soñar mas allá. Desde que fue lo suficientemente mayor para entender lo que habia pasado, que su madre jamás volvería por ella y que no habia nadie mas a quien le importara lo suficiente como para volver a buscarla, la Noche buena siempre habia sido el día mas difícil del año.
Resultaba algo irónico que tras todos aquellos años, la única vez que se habia permitido buscar consuelo habia resultado siendo su primera experiencia sexual. ¿Era por eso por lo que no se habia resistido? ¿Era tan patética que estaba dispuesta a aceptar lo que fuera con gratitud? Si.
De repente, el comentario sobre la falta de protección calo en ella. Se habia dejado llevar por el deseo, por el instinto, y en el momento ni se le habia pasado por la cabeza la posibilidad de quedarse embarazada. ¡Que estupida! De ningún modo podía tener un bebe. Conto los días desde su último periodo. Si las conversaciones en la cafetería de las mujeres que estaban desesperadas por quedarse embarazadas eran acertadas, debía de estar a salvo. Y, bueno, siempre estaba la píldora del día siguiente, si encontraba una farmacia abierta en Nochebuena en el suburbio en que vivía. Eso era lo que haría. Tan pronto como volviera a casa, buscaría la farmacia más cercana.
Durante tres años, no habia sido para Darien mas que un elemento mas de la oficina, ¿y de repente habia causado tal cambio? Esmeralda, eso debia de ser. Se habia comportado de forma anormal desde el encuentro con su ex mujer aquella tarde. Ira y pasion eran dos sentimientos muy intensos. Serena habia aprendido durante sus problematicos años de adolescencia lo intrinsecamente unidas que podian estar ambas emociones. Darien habia pagado su ira con esmeralda, y ahora le dedicaba la pasion a ella. La ocurrencia fue como un latigazo.
Pero que mas daba. Era una persona adulta, que sabia cuidar de si misma. Si el queria encontrar consuelo en ella, que asi fuera. Podian engañarse el tiempo que tardara en consumirse esa pasion, cosa que no tenia duda de que ocurriria, al menos por parte de el.
En cuanto a ella, el hacer el amor solo habia conseguido intensificar sus sentimientos hacia el. Pero eran como aceite y agua. El niño rico, y ella, del barrio erroneo de la cuidad. El, un hombre que deseaba tener hijos algun dia, y ella, mujer que habia jurado no tenerlos jamas.
Darien le tomo las cosas al entrar en el apartamento suntuosamente amueblado, y las dejo sobre un sofa de cuero. En silencio, fue al bar y sirvio dos copas de vino. La observo llevarse la copa a los labios y tomar un sorbo. Todavía conservaba el sabor a ella. Y todavía la deseaba con una intensidad que hacia que le temblara la mano al brindar con la copa.
-¿Podrias haberte quedado embarazada?
-Imposible.
-No hay nada imposible, Serena. ¿Y si ocurre?
-No pienso tener hijos –sus palabras fueron como un cuchillo atravesando sus visceras. Palabras duras, viniendo de una mujer de su edad, erronicamente palabras que su ex mujer jamas habia pronunciado a pesar de ser esa su intencion.
-¿Quieres decir que interrumpirias el embarazo? –resultaba difícil mantener un tono de voz exento de ira.
-Yo no he dicho nada parecido.
-¿Entonces que es lo que has dicho? Puede que sea demasiado tarde ya.
-En el peor de los casos, yo me ocupare.
-Tengo la sensación de que no estas hablando de amor y cuidado.
-Mira, ya te he dicho que es seguro.
-Eso es lo que tu dices. No hay nada infalible, Serena. Y dudo que estes bajo algun tratamiento anticonceptivo.¿Lo estas? –por encima del borde de su copa, vio a Serena sacudir la cabeza enérgicamente. Solo habia una cosa seguro, y era que Serena no se encargaria de ello si estaba embarazada. Jamas volveria a pasarle nada a ningun otro hijo suyo.
La pena y el dolor resurgieron en su interior, pero inmediatamente sofoco esos sentimientos. Ya tendria tiempo de llorar la perdida mas tarde. La perdida era todavía demasiado reciente para asimilar. Tendria que esperar hasta que pudiera enfrentarse a ella a su tiempo, su manera. Por el momento, tenia a la intencion de transformar la energia que bullia en su interior en algo positivo. Algo que reemplazara la sensación de perdida con sensaciones fisicas y placenteras.
Darien le quito a Serena la copa de vino, la dejo sobre una mesa, y le tomo la mano.
-Yo te cuidare, Serena –prometio. Si estaba embarazada de su hijo, se encargaria de que ambos tuvieran lo mejor que la medicina y el dinero pudieran ofrecer.
-Me puedo cuidar yo sola –levanto la barbilla, desafiando a sus palabras, sin embargo, su voz flaqueo.
¿Habia dicho cuidarla? ¿Qué demonios estaba pensando? ¿Acaso el hacer el amor con ella le habia intoxicado hasta crearle una confusion mental? Se esforzo en identificar sus motivos y, por primera vez en su vida, no le gusto la respuesta. ¿Se habia dejado llevar tanto por la información recibida aquella mañana, que inconscientemente se habia aferrado a la siguiente oportunidad? La idea le resultaba inaceptable, sin embargo no podia afirmar categóricamente que alguna parte de su corazon herido no hubiera hecho que manipulara la situación, manupilara a Serena para sus propios fines. Le solto la mano como si de fuego se tratara.
-Serena,yo… -no, no podia disculparse por haber hecho el amor con ella, especialmente cuando deseaba hacerlo otra vez. Ella presiono los dedos sobre sus labios con suavidad.
-Shhh. No lo digas. No digas que lo sientes. ¿Tan bien lo conocia? La sorpresa le dejo sin habla.
-Somos adultos –continuo, primero vacilante, pero con mayor seguridad con cada silaba que pronunciaba.
-Los dos sabemos lo que buscamos. No te pido un para siempre, Darien, solo esta noche –perfilo sus labios con los dedos.
El sonido de su nombre en sus labios termino por derrumbar la ultima barrera de indecisión en Darien. Estudio su rostro y sus ojos con atención, en busca de algun rastro de renuncia, y apenas pudo reprimir su regocijo al no encontrar ni uno.
-Esta noche, entonces -¿Lista? –dijo, apartando la mano de sus labios para besarle los nudillos.
-Si –respondio ella, decidida. Era lo que queria. Abrio los labios de placer al sentir el calor de su lengua recorriendo los espacios entre sus dedos.
-Vamos.
***********************************EDITADO********************************

El persistente timbre del telefono penetro finalmente la neblina que envolvia su mente. ¿Qué demonios llamaba a esas horas? No podia haber amanecido todavía, penso Darien con irritacion. Intento rodar sobre la cama, pero se lo impidio el calido y sensual cuerpo enroscado junto al suyo. Se libero con suavidad, y camino con cuidado, desnudo, hacia donde habia dejado tirada la chaqueta del traje. Saco el telefono. Encontro el control remoto de las persianas y, estirandose, le dio al boton para abrirlas, dejando al descubierto un cielo densamente nublado. Tipico penso con irritacion. Otra mañana humeda y calurosa de Navidad. ¡Navidad! Volvio a la realidad justo a tiempo que la voz de su padre sonaba al telefono
-¡Darien! Pronto estaras en camino, ¿no?
-Feliz Navidad a ti tambien, papa
-¿Sigues trayendo a esa secretaria tuya?
-Serena. Si. Nos vemos en un rato. Ciao, papa.
Colgo y miro al otro lado de la habitación, donde el atractivo cuerpo de Serena seguia adormilado entre las sabanas de su cama. No podria tomarse su tiempo para despertarla como queria, a pesar de la inmediata reaccion de su cuerpo con solo verla la medio enrosacada en sus sabanas. Suavemente , le sacudio el hombro que estaba al descubierto, disfrutando de la vision de sus ojos azules claros al amanecer.
-Vamos mi padre nos espera, y tenemos que pasar por tu casa para que te cambies.
Una sonrisa se dibujo en sus labios al verla cubrirse timidamente los pechos con la sabana
-Dame un par de minutos para recoger mis cosas –dijo ella con voz ronca.
-¿Te da vergüenza? –tiro de la sabana con persistencia hasta con seguir descubrir su cuerpo. Era como una droga para sus sentidos. Supo entonces que una sola noche con Serena no iba a ser suficiente. ¿Qué mas daba si llegaban tarde? Decidio, empujandola contra las sabanas arrugadas.
Cuando salieron hacia su casa, para que pudiera cambiarse de ropa, iban mas que retrasados. Al girar en la calle de Serena, Darien consiguió esconder su sorpresa al ver la zona residencial tan desvencijada que Serena le habia dado de malagana como direccion. En unos años, las construcciones renovarian las viejas casas, pero por el momento ese futuro parecia a años luz.
-Puedes aparcar aquí –dijo Serena, señalando una entrada para coches.
Darien noto que las pequeñas ventanas debian de dejar pasar poca luz natural. No podia imaginarse como podia alguien vivir asi. Estaba seguro de que Serena podia permitirse algo mejor.
-¿Desde cuando eres dueña de esta casa?
-Estoy de alquiler.
¿Eligio vivir asi? Darien recordo la cantidad que le pagaba, una cantidad bastante por encima de la media.
Le deberia de permitir alquilar en una zona mas favorecida. O al menos un lugar mas seguro, penso mientras echaba una mirada a la macrofiesta unas puertas mas alla, donde a esas horas de la mañana varios borrachos ocupaban la calle.
-Sera solo un minuto.
-Voy contigo
-De verdad, no pasa nada
-No discutas conmigo, Serena. Sabes que no vas a convencerme.
Por dentro, la diminuta casa no era mucho mejor.
El hecho de tener que encender las luces en plena mañana hablaba por si solo. Bombillas desnudas bañaban de luz los escasos muebles traidos de la cocina, una mesa de formica y dos sillas de tubos de metal y sobre un suelo de linóleo rajado.
-¿Son tuyos los muebles? –no pudo evitar preguntar.
-No, alquilo el piso amueblado sientate. Voy a cambiarme
-No era asunto suyo, pero ¿Qué demonios hacia con su dinero?
-¿No te pago suficiente?
-Me pagas muy bien –dijo, toda estirada, como si estuviera escondiendo algo que temiera que descubriera. Era un aspecto de ella que el no habia visto antes, y no le gustaba un pelo.
-¿Y que demonios haces con el? –hizo un gesto con el brazo, señalando las miserables condiciones del piso.
-¿Estas satisfecho con como hago mi trabajo? –le pregunto con voz fria, pero llena de ira contenida al mismo tiempo.
-Por supuesto, si no lo estuviera, lo sabias.
-Me alegro de que este claro, entonces. Por que ahí es donde esta conversación empieza y termina. Lo que haga con mi dinero, es asunto mio –y con eso, salio de la cocina y entro en lo que debia de ser su dormitorio.
Oyo el repicar de las perchas del armario y el abrir y cerrar de cajones, como si tuviera la necesidad de descargar su ira de alguna forma.
Tenia razon. No le gustaba ni un pelo, pero no tenia derecho a presionarla. Ya habria modos de llegar al fondo de la cuestion.
Darien se metio las manos en los bolsillos y se columpio sobre los tacones de los zapatos, reticente a sentarse sobre el raido sofa frente a la pequeña televisión.
Atraves de las finas paredes de papel oyo aumentar el volumen de la fiesta y las voces, y tambien groserias y cristales rotos de botellas.
-¡Serena! –grito –. Tenemos que irmos ya.
Reaparecio en el marco de la puerta. Se habia cambiado y se habia puesto unos elegantes pantalones grises con sandalias a juego y una camisa de manga corta rosa fuerte que le daba a su rostro una luminosidad especial, disminuyendo las suaves sombras bajo sus ojos. Sombras que el mismo habia provocado.
Darien le guardo las espaldas impaciente mientras ella cerraba la puerta con llaves y cerrojo tranquilamente.
Probablemente una perdida de tiempo, penso Darien, dado que tenia paneles de cristal que se podian romper fácilmente. Se apresuro a entrar al BMW y salio corriendo, haciendo chirriar las ruedas, con lo que se gano un par de cortes de manga de la muchedumbre de la fiesta.
¿Por qué vivia en aquel lugar?, se pregunto de nuevo. ¿Tenia problemas economicos que chupaban su dinero? ¿Quizas algun vicio? Sabia muy poco de ella, pero fueran cuales fueran los secretos que escondian, los averiguaria.
Serena dio un portazo al salir del taxi, que acelero rapidamente al alejarse por la calle llena de botellas rotas. El dia habia sido interminable.
La familia de Darien habia sido educada y amigable, especialmente sus dos hermanos. Pero Serena sintio como si la estuvieran juzgando todo el rato. Quizas pensaron que traeria a alguien como Esmeralda, sociable, abierta y enormemente segura. Y ella se habia comportado como un cuco en su nido de nuevo. Aunque debia de estar ya acostumbrada a esas alturas, el dolor todavía podia doblegarla, pero era una experta ocultandolo en su interior, en el mismo lugar enterraria los recuerdos de las ultimas veinticuatro horas.
No le habia resultado tan difícil marcharse como habia esperado. Le dijo a uno de los hermanos de Darien que le dolia la cabeza y le pidio que expresara sus disculpas a todo el mundo. Por alguna estupida razon habia guardado la esperanza de que Darien saliera tras ella, en su busca. No sabia por que, pues se habia dado cuenta de cuando habia abandonado la casa de Mamoru Chiba para tomar el taxi que apenas podia permitirse.
A lo mejor hacia aceptado que no pertenecia a su mundo. O a lo mejor siemplemente se habia hartado de ella, tras demostrar lo que fuera que queria demostrarle a su padre. No sabia que le dolia mas.
Se dejo caer sobre la cama, la mitad de grande que la cama en la que habia dormido la noche anterior. En el fondo, tenia que admitir que una pequeña parte de ella deseaba el final de cenicienta, que un caballero de brillante armadura la llevara a su castillo para amarla hasta la eternidad. Pero recupero el juicio. ¿Qué estaba pensando? Cuanto antes olvidara la noche pasada, mejor. Algo difícil cuando su cuerpo todavía sentia pequeños pinchazos que le recordaban el inusual ejercicio de la noche pasada sin embargo, después de haber visto a Darien con su familia, una familia unida, se habia dado cuenta de que jamas encajaria, puesto que no estaba dispuesta a ofrecer a Darien lo que mas queria, por lo que habia observado ese dia. Hijos.
Llorar por las esquinas no cambiarias nada, asi que Serena haria lo que mejor se le daba, seguir adelante con su vida. Lo primero era buscar la farmacia mas cercana, y luego llamar para ver como estaba Mina.
¡Toc, toc, toc,! Serena se sobresalto al oir a alguien golpear su puerta. Concierta aprension, dado el tipo de barrio, miro por el pasillo hacia la puerta de entrada al pasillo. Una inequivoca sombra se entreveia por los cristales ahumados de la puerta.
-Serena, abre. Se que estas ahí
Despacio y con reticencia, abrio el cerrojo de la puerta.
-Te marchaste sin despedirte –Darien entro, haciendo que Serena se pegara a la pared evitar el contacto fisico, pues sus nervios no podian con mas emociones.
-¿Estas bien? –pregunto, llevando una mano a la mejilla de Serena. Ella aparto la cabeza. No podia soportar que la tocara de nuevo. Era fuerte, pero no tanto.
-Estoy bien. Pensaba que seria mejor que no hiciera una montaña de un grano de arena por marcharme –el corazon le latia con fuerza-. Mira, lo que hicimos anoche fue una locura. Yo estaba sensible por que era mi cumpleaños y tu… en fin, no se por que me deseabas, ni necesito saberlo. No nos compliquemos la vida dandole mas importancia de la que tiene. Satisfacimos nuestros deseos, eso, eso es todo.
-¿Todo? –dijo con voz pausada y tranquila-. ¿Y si quiero mas?
-¿Mas? No puede haber mas. Haria imposible trabajar juntos. La gente cotillearia… tu padre… ya sabes sus reglas sobre las relaciones dentro de la oficina –nerviosa Serena trato de aferrarse a todas las razones que podia, algo nada facil teniendo en cuenta que su cerebro estaba a punto de derretirse ante la ardiente mirada de aquello ojos azules.
-¿Eso es todo? –dijo en tono duro y frio.
-Si. Ambos somos lo suficientemente adultos para asumirlo, ¿no?.
Darien se quedo tieso como una estatua. Poco a poco, Serena vio como su ardiente mirada se halaba y apretaba los labios. "Por favor, por favor, por favor" rogo ella en silencio, "¡Vete! Vete antes de que cambie de opinión". Darien apreto la mandibula para a continuación relajarla, como si hubiera estado a punto de decir algo y luego se hubiera arrepentido.
Al otro lado del pasillo empezo a sonar el telefono, cortando como un cuchillo la espesa tension que se habia creado entre ellos. Una oleada de pavor la invadio.
Las unicas llamadas que recibia eran del hospital de Mina. Algo debia de ir mal para que llamaran en ese dia.
-Tengo que contestar. Puedes irte –Se volvio para ir a responder al telefono, pero el alargo un brazo para agarrarla hizo que se girara y, de repente, se encontro pegada a el.
-Solo una cosa mas –gruño. Darien la atrapo entre su cuerpo y la pared, presionando sus caderas contra las suyas. Ella apoyo las palmas de sus manos contra la pared a sus espaldas para evitar el contacto con su cuerpo. A pesar de sus intenciones, sin embargo, no pudo evitar responder al movimiento de su lengua, y abrio los labios. Justo en el momento en que ella cedio, el se aparto y se dio la vuelta para marcharse.
Serena no pudo hacer otra cosa que observarlo, impotente, pero tambien agradecida de que se hubiera marchado antes de rendirse a el completamente y rogarle que se quedara

Continuara…
hola chicas el que quiera el capitulo 3 editado me lo pueden pedir tambien el de este capitulo la parte editada
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   21st Diciembre 2010, 00:50

wooow que linda actualizacion amiga!
yo quiero la parte editada, me la puedes mandar
me gusto mucho tu fic
espero actualices pronto






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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   30th Diciembre 2010, 22:50

Capitulo 5
En el hospital privado situado en uno de los prestigiosos suburbios de Tokio, Serena cepillaba el pelo de su hermana de leche. Era lo único que podía calmar a mina aquella tarde.
-Siento haberle estropeado las Navidades –dijo la enfermera al pie de la cama-. Parecía haber empeorado. Intentamos localizarla antes para hacérselo saber.
-Lo se. Lo siento –contesto Serena con sonrisa de preocupación-. Hizo lo correcto al llamarme.
-Espero que no interrumpiéramos nada importante.
-No, nada que no pudiera esperar.
-Quizás las próximas Navidades haya alguien especial que le haga perder la cabeza –continuo la enfermera, haciendo un guiño-. Nunca se sabe lo que a uno le espera.
Las mejillas de Serena se sonrojaron. No, nunca se sabia lo que a uno le esperaba, y por eso no iba a acostarse con Darien otra vez. La enfermera no sabía hasta que punto había dado en el clavo. Serena se limito a sonreír brevemente y dejo el cepillo, observando el tic nervioso del cuerpo incomunicativo que yacía sobre la cama. No se parecía en nada a la exuberante adolescente que la había ayudado a creer en si misma cuando nadie lo hacia. El destino les había sonreído cuando fueron acogidas juntas en el mismo hogar
Aunque era improbable que Serena portara el gen de Huntington, que lenta y dolorosamente le estaba robando a su mejor amiga, ¿Quién sabia que podía transmitirle a sus hijos? Y mientras Serena fuera la responsable de los costos médicos de Mina, no podría permitirse pagar a un investigador para averiguar quienes eran sus padres. Así que la decisión era simple. Jamás tendría hijos. Mina era mucho más importante que cualquier otra cosa en ese momento. Incluso que Darien Chiba.
El deterioro que había sufrido Mina a lo largo de las vacaciones era notable, y Serena se había visto obligada a pedir las vacaciones acumuladas para pasar todo el tiempo posible con ella. Le había costado un poco, pero finalmente Amy había aceptado de buena gana adelantar su vuelta al trabajo para sustituirla.
El desgaste emocional que suponía mantener una actitud positiva todo el día por Mina, dejaba a Serena totalmente exhausta al final del día, y ahora un leve pero persistente malestar de vientre era la causa de que sus visitas estuvieran restringidas hasta encontrarse mejor. Al principio se había asustado al pensar en la posibilidad de estar embarazada, pero el breve periodo que había tendido hacia dos semanas lo hacia imposible. Gracias a dios.
De vuelta al trabajo pasado más de un mes, Serena se alegro de no tener nada urgente e importante que le quitara mucho tiempo. Arrastro los pies por el pasillo camino a su oficina. Observo que las flores de Pascua no habían sufrido por la falta de luz natural. Alguien las había estado regando durante su larga ausencia. Si parecían algo descoloridas. Que simbólico, pensó con cinismo, como ella. Había perdido peso y el apetito. No sabía como había contraído aquel microbio estomacal, pero tenia serias dudas sobre la eficiencia de su viejo frigorífico durante los veranos intensamente húmedos de Tokio, ya que la puerta no sellaba completamente al cerrarla. Esa combinación debía de haber causado estragos en la escasa comida que había conseguido ingerir.
Con solo pensar en comida se le revolvía el estomago. Tomo un profundo suspiro y espero a que se le pasaran las nauseas. La flor de Pascua blanca no estaba. Suponía que el personal de limpieza la habría tirado al verla tirada sobre la moqueta. Aquel día de Navidad parecía tan lejano.
No había oído nada de Darien. Había estado de vacaciones en la casa familiar de los Chibas durante las dos semanas posteriores a la Navidad y, en su ausencia, el departamento de recursos humanos se había ocupado de la petición de Serena de días adicionales de vacaciones. La había llamado una vez de vuelta a Tokio, pero no la había localizado. Serena se había pasado la mayor parte del tiempo en el hospital. Solo llegaba a casa tarde para dormir, y por la mañana temprano iba corriendo a tomar el autobús que la llevaba de nuevo junto a Mina. Además, era lo que quería. Ni preocupaciones, ni complicaciones, ni recriminaciones que interfirieran luego con su capacidad en el trabajo para ganarse un sueldo muy necesitado.
-Buenos días, Serena –Darien estaba en el marco de la puerta de su oficina.
-Buenos días, señor Chiba –hasta el momento no se había dado cuenta de lo mucho que había echado de menos la forma en que su nombre sonaba en sus labios. De lo mucho que le había echado de menos a el. Se puso a mirar los papeles en la bandeja de entrada en la esquina de su mesa. Oyó suspirar a Darien tras ella.
-Creo que hemos superado la fase de señor Chiba, ¿no te parece?
-Si, señor, pero eso era el año pasado.
-¿Así que vamos a pretender que no ha pasado nada?
¿Eran imaginaciones suyas, o su voz aterciopelada se había tornado fría como el acero?
-Tuve un cumpleaños estupendo. Gracias –continúo esquivando su mirada. No podía mirarle a los ojos, pues le dejaría ver demasiado. Vería lo mucho que el hacer el amor con el había significado para ella, lo mucho que le quería. Y no podía permitírselo, pues jamás podría entender el suyo.
Había aprendido esa lección al ser acogida en una familia mas adinerada que la mayoría. Siendo ya una adolescente con incipiente carácter, había despertado un interés especial en el hijo adolescente de sus cuidadores. Y no le creyeron cuando finalmente consiguió reunir el valor de contarle a su madre adoptiva las indeseadas atenciones que le dedicaba su hijo. Le dijeron a la asistente social que su comportamiento era grosero y que jamás encajaría con ellos, y que quizás estaría mas cómoda con otra familia… en el otro extremo de la cuidad. Pero incluso olvidando el dolor del pasado, Mina la necesitaba mas que nunca, por lo que salir con Darien Chiba era un lujo que no podía permitirse en esos momentos.
El teléfono sonó.
-Oficina de Darien Chiba, le habla Serena.
-Serena, soy Lita Kino.
La administradora del hospital. El miedo sobrecogió a Serena, y sus dedos apretaron el auricular del teléfono.
-¿Si?
-Mire, me resulta difícil decirle esto, pero las necesidades de Mina han sido reevaluadas en vista de su reciente deterioro, y me temo que hemos tenido que revisar el coste de su cuidado.
Serena suspiro de alivio al no tratarse de las noticias que se había temido.
-¿Cuánto subirá? –aguanto la respiración. Cuando le dijeron la cantidad, contuvo una exclamación.
-Así que, como vera, necesitamos alguna garantía de pago.
Serena hizo unos rápidos cálculos mentales. Con un poco de malabarismo, podría hacer frente al aumento.
-Si, lo pagare, ya veré como –colgó el teléfono.
-¿Algún problema? –la voz de Darien la sobresalto. Se había olvidado de que estaba allí, escuchando. ¿Cuánto había escuchado?
-No es nada de lo que no me pueda ocupar –empezó a sortear el correo sobre su escritorio con la mirada perdida, esperando que Darien se diera la vuelta y volviera a su despacho.
El casi imperceptible sonido de la puerta le dio la respuesta que buscaba. Las letras de los sobres que tenía entre las manos empezaron a emborronarse, y Serena pestañeo para eliminar las lágrimas que amenazaban con derramarse. Desde que la salud de Mina se había empezado a deteriorar, sus emociones habían estado muy alteradas. Serena trato de centrarse en su trabajo, un contrato particularmente delicado al que Darien había hecho alteraciones. Se quedo trabajando en ello hasta tarde. Imperio Chiba esperaba poder cerrar el acuerdo públicamente, y ya había contactado con la prensa y las noticias hacia tiempo. Empezaron a dolerle cuello y cabeza tras tanto tiempo sin moverse del ordenador. Amy le había llevado varias tazas de te. Pero la mayoría de ellas se habían enfriado mientras sus dedos volaban sobre el teclado.
-Aquí tiene, señorita Tsukino. No se ha tomado ningún descanso en todo el día, pensé que necesitaría comer algo.
Serena levanto la vista del puñado de papeles de su escritorio y sonrió a Amy en agradecimiento, pero al percibir el olor de la ensalada de almejas ahumadas, una especialidad del restaurante de la planta baja, se le revolvió el estomago.
-Que detalle. Gracias, Amy –consiguió decir, tragándose el sabor acido del reflujo-. ¿Me disculpas? Creo que necesito refrescarme un poco antes de comer.
-¿Estas bien? Te has puesto pálida.
-Si, si… estoy bien. Volveré en un minuto –dijo, esperando poder mantener el tipo hasta llegar al baño.
Gracias a Dios estaba vació. Serena cerro la puerta de un portazo y se dejo caer sobre las rodillas, agarrándose con las manos al retrete. Con ojos llorosos y manos temblorosas, partió un trozo de papel higiénico para limpiarse la cara. Tenia que ver a un medico pronto, pues si no superaba aquello no podría visitar a Mina. Por mucho que intentara ignorar el informe medico sobre los últimos avances, sabia que no tendría a su querida amiga por mucho tiempo. Pero la idea le resultaba insoportable, y no podía afrontarla en ese momento, de modo que dejo a un lado esos pensamientos. Se incorporo y se apoyo contra la puerta hasta que, finalmente, se le paso el mareo.
Cuando Serena reapareció, Amy ya había vuelto a su mesa. Sin mirar el contenido del plato, lo llevo a la cocina y lo tiro a la basura, cubriéndolo con algunas servilletas de papel. Volvió s su mesa para seguir trabajando e intentar encontrar el sentido de las palabras de la pantalla.
Darien salio de su despacho y se sentó sobre su mesa.
-¿Estas bien? Amy dijo hace un par de minutos que no parecías sentirte muy bien
-Exagera, de verdad. Estoy bien.
-En cualquier caso, creo que deberías irte. Pareces agotada.
-Casi he terminado con el contrato. ¿Estas seguro de que no me necesitaras?
-¿Necesitarte, Serena? –dijo con cierto cinismo en la voz.
-Bien, entonces me iré –recogió sus cosas rápidamente y apago el ordenador.
-Antes de marcharte, ven a mi despacho –no espero a su respuesta.
-¿Sí? –dijo al entrar.
-Entra y cierra la puerta.
Hizo lo que le ordeno, tratando de evitar mirar hacia la mesa. Jamás seria capaz de volver a entrar allí sin verlos a los dos, en el reflejo del cristal, como había ocurrido aquella noche hacia ya unas semanas.
-Siéntate.
-Prefiero quedarme de pie. Será solo un minuto, ¿no?
-Depende
-¿Depende? ¿De que?
Darien se acerco y, con una mano en su hombro, la llevo hacia el sofá.
-Siéntate
Se sentó al borde del sofá. Darien noto lo nerviosa que estaba. ¿Qué ocultaba? Había intentado contactar con ella varias veces a lo largo de las vacaciones, pero no había respondido al teléfono de casa. También había pasado por su casa, pero ella no había acudido a la puerta. Decidió que lo mejor era ir al grano.
-¿Qué te pasa? ¿Estas embarazada?
-¡No! –se puso de pie, tambaleándose a consecuencia del repentino movimiento. Pero Darien hizo que se sentara de nuevo, y se sentó a su lado.
La mayoría de la gente volvía bronceada y descansada de las vacaciones. Sin embargo, la piel de Serena, normalmente iluminada con un calido brillo que nada tenia que ver con el sol, estaba pálida y apagada, y oscuras sombras marcaban sus ojos.
-¿Estas segura? ¿Has ido a ver a algún medico?
-Claro que estoy segura. Jamás cometería un error con una cosa así. ¡Jamás! –su vehemente respuesta le echo para atrás
Se levanto del sillón y fue a llenar un vaso de agua de la jarra de cristal que había sobre la mesa auxiliar de época pegada a la pared. Sus dedos rozaron los de Serena al darle el vaso, lo cual le causo una descarga eléctrica en el brazo. Las semanas apartados no habían apagado su deseo por ella, en todo caso lo habían intensificado.
-Entonces, ¿Qué ocurre? –insistió-. En los tres años que has trabajado conmigo jamás te has enfermado.
-No me ha sentado bien algo que he comido esta semana. Eso es todo.
-¿Llevas encontrándote mal una semana?
-Solo un par de días. Seguro que se me pasa pronto.
-Tomate el día libre mañana
-No hace falta, es un simple malestar de estomago. Y ahora, si eso era todo lo que querías de mí… -Serena se levanto, más despacio que antes, y se dirigió hacia la puerta.
-Cena conmigo.
Ella se detuvo y se volvió
-¿Perdón?
Se acerco a ella.
-Cena conmigo. Se que apenas has comido en todo el día y debes de estar muerta de hambre. Algo sencillo. ¿Vale?
El estomago de Serena rugió en respuesta. Hizo una mueca y se llevo la mano al abdomen, movimiento que capto la atención de Darien. Rápidamente, Serena dejo caer el brazo… no ayudaría darle mas ideas ridículas.
-Tengo que irme si no quiero perder el autobús.
-Maldita sea, Serena. Yo te acercare a casa. ¿Qué clase de hombre crees que soy? ¡No te estoy diciendo que te acuestes conmigo! –aunque el mencionarlo le traía vivos recuerdos de ambos reflejados en el cristal.
Aguanto la respiración, en espera de su respuesta. Desde aquella noche en la oficina, había deseado más de Serena, y no bastaba con que estuviera trabajando en la habitación continua todo el día. La quería a su lado, en su cama
-De acuerdo
-Bien. Entonces, vamos
Era una tarde esplendida. Los últimos rayos del sol teñían el cielo de rojo y naranja, reflejándose en el agua.
-¿Qué te parece un italiano? Si quieres, nos podemos sentar en la terraza.
-Me parece estupendo, gracias –sin darse cuenta, le había dado la oportunidad de evitar los aromas que impregnaban el interior del restaurante.
O tenían mucha suerte, o Darien había engatusado al camarero por que, a pesar de lo concurrido del lugar, consiguieron una mesa para dos de inmediato.
-¿Vino tinto o blanco? –pregunto Darien mientras leía la carta de vinos.
Sus papilas del gusto se agriaron con solo pensar en el vino.
-Hoy me voy a contentar con agua
-Buena idea, yo también. Tomaremos dos de estas –dijo apuntando el agua embotellada en la lista, de bebidas, y le devolvió al camarero la carta de vinos.
-¿Vienes mucho por aquí? –Serena rompió el silencio creado entre ellos.
-Se supone que soy yo el que debe decir eso –Darien se rió de forma espontánea, aligerando el espíritu de Serena-. Hace tiempo que no vengo, pero la comida siempre es buena -¿Qué te apetece? –Le echo una mirada por encima de su menú-. El pescado tiene buena pinta. Si todavía tienes el estomago un poco débil, puede que eso sea lo suficientemente ligero.
Ella suspiro con alivio.
-Si, me parece estupendo. Tomare el pescado al vapor y una ensalada.
El camarero reapareció para tomar sus órdenes. Darien pidió scaloppini.
-Solías trabajar en el grupo de mecanografía, ¿verdad? –la pregunta, que no venia a cuento, la desconcertó.
-Sí –respondió cautelosamente.
-Eras una jovencita de lo más seria.
Sorprendida de que hubiera notado su presencia por aquel entonces, Serena simplemente asintió. Darien deslizo un dedo por la superficie de su copa, en cuya superficie se había condensado el agua fresca.
Serena no pudo apartar su mirada del trayecto que dibujaba su dedo, ni beber un solo sorbo de agua para aliviar la repentina sequedad de garganta.
-¿Por qué decidiste hacerte asistente personal? Pensaba que irías a la universidad. Quizás a estudiar Derecho.
Por inocente que fuera su comentario, Serena inmediatamente cerró las puertas. Si no compartía nada, podía evitar ser objeto de ridículo o, peor, de lastima.
Mientras una parte de ella anhelaba poder contarle a Darien mas cosas de su pasado, otra, había definido sus barreras hacia mucho tiempo, y no podía cruzarlas.
-Lo considere –admitió, empujando un trozo de pescado con el tenedor alrededor del plato-, pero decidí que era mejor conseguir un trabajo para empezar a ganar dinero de inmediato –en realidad, habría dado lo que fuera por poder conseguir un titulo en la universidad, pero no tenia padres que pudieran complementar las becas estudiantiles. Si quería llegar a buen puesto en su vida, tenia que hacerlo por si misma, como habían ocurrido desde que su madre la abandonara.
-¿Tan importante es para ti el dinero que renunciarías a hacer algo que realmente quisieras?
Sus planes de ahorrar dinero para hacer lo que realmente quería, empezar a investigar quien era y de donde venia, se habían paralizado con el inicio de la etapa avanzada de la enfermedad de Mina, cuando Serena decidió asumir la responsabilidad financiera del cuidado de Mina. Le debía eso y más a su hermana de leche. Mina había sido la única persona que jamás la había abandonado, y quien la había obligado a analizar seriamente lo que se había convertido en un comportamiento autodestructivo. Le debía su vida, su mera existencia. Cuidar de ella el tiempo que viviera era algo a lo que Serena se sentía obligada tanto por amor como por honor.
-No puedes negar que el dinero sea importante.
No hay mas que ver a tu propia familia –trato de desviar la intención centrada en ella-. He oído historias de lo duro que trabajaba tu padre cuando aun eras solo un niño. No se crea una empresa como el Imperio Chiba sin trabajo duro. Y el jamás consiguió ningún titulo.
-Cierto. Pero fue a costa de mucho mas que dinero. Fue un completo extraño durante toda nuestra infancia. Cuando murió nuestra madre, fue como si el también hubiera muerto con ella por lo poco que le veíamos. Créeme, Serena, el dinero no lo es todo.
-Y eso lo dice un hombre que lo tiene todo –Serena no pudo reprimir las palabras de amargura, aunque deseo no haberlas dicho al ver la tensa expresión de su cara.
-No todo, Serena. Algunas cosas no se pueden comprar.
-Lo siento. No debí decir eso
-Vamos, se esta haciendo tarde, y parece como si hubieras estado boxeando. Te llevare a casa.
CONTINUARA….
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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   15th Febrero 2011, 09:37

hay primis esta hermoso me arrepiento de no averlo leido jejejeje esta lindo espero que serena se de cuenta que darien la puede ayudar huy que pasara XD esta lindo primis tu fic nN_


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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   16th Febrero 2011, 21:21

esta muy bueno





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MensajeTema: Re: el jefe y yo s/d ( romance)   

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